7 errores que cometen casi todos los padres

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Los errores les ocurren a todos: son una parte natural de la crianza. Sin embargo, algunos se repiten con especial frecuencia y pueden impedir que el niño se sienta seguro, aprenda a ser independiente y crezca feliz.

Te contamos a qué conviene prestar atención si tu hijo tiene entre 7 y 11 años.

1. Comparaciones con otros niños

«Irina ya hace los deberes sola», «Mira qué ordenada es la letra de Egor»: parece motivador, pero en realidad las comparaciones desvalorizan el esfuerzo del niño y generan ansiedad.

Es mejor fijarse en el progreso individual y elogiar acciones concretas.

2. Incoherencia en las exigencias

Hoy hay un reproche por el desorden en la habitación y mañana no se dice nada. El niño se confunde y no entiende qué es importante y qué no.

Las reglas claras, comprensibles y estables dan una sensación de previsibilidad y seguridad.

3. Control excesivo

Cuando los adultos controlan cada paso — desde los deberes hasta la ropa — el niño no aprende a tomar decisiones. Esto dificulta el desarrollo de la autonomía y la responsabilidad.

Es importante ir cediendo poco a poco más libertad y enseñar al niño a afrontar las consecuencias de sus elecciones.

4. Ignorar las emociones

Frases como «no llores», «no pasa nada» o «son tonterías» invalidan los sentimientos del niño.

Puede empezar a pensar que sus emociones son incorrectas. En lugar de eso, conviene reconocerlas — «Veo que estás triste» — y ofrecer apoyo.

Por ejemplo, si el niño vuelve de la escuela triste y dice que nadie jugó con él en el recreo, se puede decir: «Parece que te sentiste solo. Lo entiendo, es desagradable. ¿Quieres que lo hablemos?».

5. Criticar a la persona y no la conducta

«Eres perezoso», «Eres muy distraída»: estas palabras construyen una imagen negativa de sí mismo.

Es mejor hablar de la acción concreta: «Olvidaste apagar la luz» en lugar de «Siempre te olvidas de todo».

6. Elogios inapropiados o ausencia de elogios

Los elogios «porque sí» pierden valor. Y si solo se elogia el resultado y no el esfuerzo, el niño puede empezar a evitar tareas difíciles por miedo a equivocarse.

Es mejor reconocer el esfuerzo, el progreso y la iniciativa, y decirlo en voz alta.

Por ejemplo, en vez de un simple «¡Bien hecho!», se puede decir: «Pensaste mucho en el problema y no te rendiste; me gustó cómo lo resolviste».

7. Expectativas demasiado altas o demasiado bajas

Exigir un comportamiento adulto a un niño de siete años, o hacérselo todo a uno de diez, dificulta su desarrollo. Es importante tener en cuenta las características de cada edad y aumentar las exigencias de forma gradual.

Lo principal es observar cómo nuestras acciones influyen en el niño y estar dispuestos a cambiar.

Si te reconoces en algunas de estas situaciones, no es motivo para reprocharte nada: significa que ya estás haciendo lo más importante — estar cerca y saber escuchar.

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