Автор: El equipo editorial de Findmykids

  • Mi hijo de 9 años es irrespetuoso y discute: ¿qué está pasando?

    Время на прочтение: 2 минут(ы)

    Entre los 7 y los 10 años, el niño gana más autonomía y se enfrenta a distintas normas: escolares, familiares y sociales. Un comportamiento difícil a esta edad no es una provocación, sino un intento de comprender hasta qué punto el adulto cercano es estable y fiable, y si puede apoyarse en él. En otras palabras, el niño pone a prueba los límites y la solidez del vínculo de apego.

    Por qué los niños ponen a prueba los límites

    Los niños de 7 a 10 años ya no son pequeños, pero todavía no son adolescentes. Empiezan a arriesgar, a romper normas, a discutir, a ser más independientes y a hacer las cosas “a su manera”. Al mismo tiempo, la cercanía con los padres sigue siendo muy importante para ellos.

    Un comportamiento que para los adultos puede parecer provocador suele ser una señal de ansiedad:
    “Si me equivoco, ¿mamá me seguirá queriendo?”

    Poner a prueba los límites es una forma de comprobar que los padres están ahí, incluso si el niño no es perfecto. Esta etapa es muy importante para la construcción de la estabilidad interna y la autoestima del niño.

    Cómo ponen los niños a prueba los límites

    La puesta a prueba de los límites puede manifestarse de distintas maneras. Por ejemplo:

    • El niño discute: “¿Por qué tengo que hacerlo?” y observa atentamente la reacción del adulto.
    • “Olvida” las normas supuestamente por accidente: “Ah, no lo sabía…”.
    • Hace intencionadamente las cosas a su manera, aunque se le haya pedido lo contrario.
    • Empieza a preguntar por qué los demás pueden y él no.
    • Finge estar cansado o retrasa las tareas, gana tiempo: “Ahora”, “Luego”.
    • Provoca al adulto fingiendo no oír o olvidando las peticiones.
    • Compara a sus padres con otros adultos.

    A veces, la protesta puede adoptar formas más duras: el niño puede ser grosero, dar portazos o mostrarse obstinado. Es una parte normal del desarrollo: precisamente a esta edad empieza a sentirse como una persona independiente.

    Cómo puede reaccionar mejor el padre o la madre

    El niño puede enfadarse, discutir o quejarse para conseguir lo que quiere. No se trata de astucia ni de manipulación, sino de un intento de manejar una situación difícil.

    La tarea del adulto es mantener la firmeza sin caer en un control excesivo. Los límites son importantes, pero aún más lo son el respeto y el vínculo. Recuerda que detrás de un comportamiento difícil hay una necesidad de apoyo.

    Qué puede hacer el adulto:

    • Mantener la calma. No es necesario tener siempre razón; lo importante es ser un adulto de confianza.
    • Reconocer las emociones del niño y recordar con calma los límites:
      “Veo que estás enfadado. Pero la norma sigue siendo la misma”.
    • Distinguir claramente entre necesidades y deseos. No ceder en todo, pero tampoco ignorar.
    • Ofrecer opciones dentro de un marco claro.
      En lugar de “Hazlo”, decir: “¿Lo haces ahora o después de cenar?”.

    El niño pone a prueba los límites no porque sea “malo”, sino porque está creciendo. Cuanto más tranquilo pueda sostener el adulto estas pruebas —sin ofenderse, sin asustarse, pero tampoco cediendo—, más probabilidades tendrá el niño de crecer con estabilidad interna y confianza en sí mismo.

  • ¿Por qué mienten los adolescentes de 11 años y cómo reaccionar?

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    Los adolescentes rara vez mienten sin razón. A diferencia de los niños más pequeños, su engaño suele estar relacionado con el deseo de establecer límites, protegerse o integrarse en los demás. Comprender estas razones puede ayudar al adolescente a apoyarse y a generar confianza.

    📊 Lo que dice la investigación

    A esta edad, el engaño se vuelve más complejo y reflexivo, y sus razones se relacionan con el autodescubrimiento, los límites personales y el deseo de pertenencia.

    Según las investigaciones, los adolescentes consideran justificada la mentira si les ayuda a proteger sus límites personales y mienten con más frecuencia si confían en que su engaño no será descubierto.

    🔑 Por qué los adolescentes ocultan la verdad y qué pueden hacer los padres

    A medida que los niños crecen, pueden volverse menos abiertos con sus padres. A veces parece que un adolescente oculta algo o evita conversaciones, pero esto es parte de su desarrollo y hay razones para mentir.

    Los adolescentes mienten porque:

    Protegen su espacio personal

    A esta edad, los adolescentes valoran más su privacidad y pueden ocultar cosas para evitar ser vigilados excesivamente.

    Qué hacer: Respetar los límites personales: «Entiendo que quieras guardarte algunas cosas. Pero siempre te escucharé y estaré aquí si me necesitas». Los adolescentes tienen derecho a sus secretos: acuerden reglas importantes, pero no los presionen.

    Quieren ser independientes

    A veces los adolescentes mienten para evadir las restricciones. Por ejemplo, pueden decir que van a casa de un amigo, pero en realidad van a una fiesta.

    Qué hacer: Establecer y explicar las reglas: «Entiendo que necesitas libertad, pero mi prioridad es tu seguridad». Deseo de formar parte de un grupo

    Los adolescentes pueden mentir para encajar o proteger a sus amigos. Por ejemplo, pueden ocultar la verdad para evitar decepcionar a un amigo o revelar el secreto de otra persona.

    Qué hacer: Hablar sobre la amistad: «Si un amigo te pide que mientas, piensa si te está poniendo en una situación difícil».

    Experimentar con la identidad

    Mentir puede ser parte del autodescubrimiento, experimentando con diferentes roles e imágenes.

    Qué hacer: Apoyar al adolescente en su búsqueda: «Entiendo que estás tratando de descubrir quién eres. Recuerda, siempre estoy aquí para ti».

    Miedo al juicio

    Los adolescentes pueden ocultar sus fracasos para evitar ser juzgados por adultos o compañeros.

    Qué hacer: Crear un ambiente donde el adolescente se sienta cómodo diciendo la verdad: «Puedes decirme lo que sea. No te juzgaré».

    Los adolescentes no mienten por despecho ni porque sean «malos», sino que buscan su lugar en el mundo. Muéstrales que la honestidad los hace más fuertes y siempre elógialos por decir la verdad.

  • Por qué un niño de 9 años miente y qué hacer al respecto

    Время на прочтение: 2 минут(ы)

    Si entre los 4 y 6 años los niños y niñas suelen fantasear y todavía distinguen mal entre la verdad y la ficción, entre los 7 y 10 años la mentira adquiere un significado diferente.

    A esta edad, el niño ya entiende qué es la honestidad, pero a veces elige no contar algo. ¿Por qué ocurre esto y cómo apoyar al niño en esos momentos? Lo explicamos en este artículo.

    📊 Qué dicen las investigaciones

    Los estudios muestran que entre los 7 y 10 años los niños ya no solo inventan, sino que empiezan a pensar en los detalles y a construir mentiras que suenan creíbles. Tienen en cuenta lo que sabe su interlocutor e incluso anticipan su reacción.

    🔑 Por qué el niño oculta la verdad

    A esta edad, el niño empieza a comprender que un mismo hecho puede percibirse de distintas maneras. Se da cuenta de que las palabras no solo describen la realidad, sino que también pueden modificarla a los ojos de los demás.

    Los niños de 7 a 10 años pueden mentir por diferentes razones:

    • Evitar un castigo: «Si digo la verdad, me van a regañar».
    • Temor a decepcionar a los padres: «No quiero que mamá se ponga triste».
    • Poner a prueba los límites: «¿Qué pasará si miento?».
    • Crear un «mundo secreto». Empieza a formarse el espacio personal: «Es mi secreto, no quiero contarlo».
    • Imitar a los adultos. Los niños escuchan a los adultos decir pequeñas mentiras —»Di que no estoy en casa«— y empiezan a repetirlo.
    • Querer parecer mejores ante los adultos o los amigos.

    ✅ Cómo reaccionar de la mejor manera

    Los niños de esta edad no mienten porque sean «malos», ni porque tú hayas hecho algo mal; están aprendiendo a vivir en un mundo complejo. Es importante ayudarles a entender que la honestidad hace que este mundo sea mejor. Si reaccionamos con calma, el niño aprenderá a ver la verdad no como una amenaza, sino como una forma de comunicarse que fortalece la confianza.

    Esto puede ayudar:

    • Mantener la calma cuando se conoce la verdad.
      En lugar de decir: «¿Cómo has podido mentirnos?», puedes decir:
      «Gracias por ser sincero. Entiendo lo difícil que fue decirlo, pero para mí es importante saber la verdad para poder ayudarte».
    • Ayudar al niño a identificar y comprender sus emociones:
      «¿Tenías miedo de que me enfadara? Pensemos juntos en cómo se podría haber actuado de otra manera».
    • Explicar las consecuencias de mentir:
      «Cuando mientes, me resulta más difícil confiar en ti. Y la confianza significa poder decir la verdad sin miedo».
    • Valorar la honestidad, incluso cuando la verdad es incómoda:
      «Gracias por decir la verdad. Para mí es importante».
    • Mostrar que equivocarse es normal:
      «Aunque hagas algo mal, te sigo queriendo. Para mí es más importante que seamos honestos el uno con el otro».

    🌱 Recuerda: el niño está aprendiendo a decir la verdad. Ayúdale a sentirse seguro y la necesidad de mentir disminuirá. Tu calma y tu apoyo le enseñarán a no tener miedo de ser él mismo.

  • Mi hijo de 8 años es irrespetuoso y discute: ¿qué está pasando?

    Время на прочтение: 2 минут(ы)

    Entre los 7 y los 10 años, el niño gana más autonomía y se enfrenta a distintas normas: escolares, familiares y sociales. Un comportamiento difícil a esta edad no es una provocación, sino un intento de comprender hasta qué punto el adulto cercano es estable y fiable, y si puede apoyarse en él. En otras palabras, el niño pone a prueba los límites y la solidez del vínculo de apego.

    Por qué los niños ponen a prueba los límites

    Los niños de 7 a 10 años ya no son pequeños, pero todavía no son adolescentes. Empiezan a arriesgar, a romper normas, a discutir, a ser más independientes y a hacer las cosas “a su manera”. Al mismo tiempo, la cercanía con los padres sigue siendo muy importante para ellos.

    Un comportamiento que para los adultos puede parecer provocador suele ser una señal de ansiedad:
    “Si me equivoco, ¿mamá me seguirá queriendo?”

    Poner a prueba los límites es una forma de comprobar que los padres están ahí, incluso si el niño no es perfecto. Esta etapa es muy importante para la construcción de la estabilidad interna y la autoestima del niño.

    Cómo ponen los niños a prueba los límites

    La puesta a prueba de los límites puede manifestarse de distintas maneras. Por ejemplo:

    • El niño discute: “¿Por qué tengo que hacerlo?” y observa atentamente la reacción del adulto.
    • “Olvida” las normas supuestamente por accidente: “Ah, no lo sabía…”.
    • Hace intencionadamente las cosas a su manera, aunque se le haya pedido lo contrario.
    • Empieza a preguntar por qué los demás pueden y él no.
    • Finge estar cansado o retrasa las tareas, gana tiempo: “Ahora”, “Luego”.
    • Provoca al adulto fingiendo no oír o olvidando las peticiones.
    • Compara a sus padres con otros adultos.

    A veces, la protesta puede adoptar formas más duras: el niño puede ser grosero, dar portazos o mostrarse obstinado. Es una parte normal del desarrollo: precisamente a esta edad empieza a sentirse como una persona independiente.

    Cómo puede reaccionar mejor el padre o la madre

    El niño puede enfadarse, discutir o quejarse para conseguir lo que quiere. No se trata de astucia ni de manipulación, sino de un intento de manejar una situación difícil.

    La tarea del adulto es mantener la firmeza sin caer en un control excesivo. Los límites son importantes, pero aún más lo son el respeto y el vínculo. Recuerda que detrás de un comportamiento difícil hay una necesidad de apoyo.

    Qué puede hacer el adulto:

    • Mantener la calma. No es necesario tener siempre razón; lo importante es ser un adulto de confianza.
    • Reconocer las emociones del niño y recordar con calma los límites:
      “Veo que estás enfadado. Pero la norma sigue siendo la misma”.
    • Distinguir claramente entre necesidades y deseos. No ceder en todo, pero tampoco ignorar.
    • Ofrecer opciones dentro de un marco claro.
      En lugar de “Hazlo”, decir: “¿Lo haces ahora o después de cenar?”.

    El niño pone a prueba los límites no porque sea “malo”, sino porque está creciendo. Cuanto más tranquilo pueda sostener el adulto estas pruebas —sin ofenderse, sin asustarse, pero tampoco cediendo—, más probabilidades tendrá el niño de crecer con estabilidad interna y confianza en sí mismo.

  • Por qué un niño de 8 años miente y qué hacer al respecto

    Время на прочтение: 2 минут(ы)

    Si entre los 4 y 6 años los niños y niñas suelen fantasear y todavía distinguen mal entre la verdad y la ficción, entre los 7 y 10 años la mentira adquiere un significado diferente.

    A esta edad, el niño ya entiende qué es la honestidad, pero a veces elige no contar algo. ¿Por qué ocurre esto y cómo apoyar al niño en esos momentos? Lo explicamos en este artículo.

    📊 Qué dicen las investigaciones

    Los estudios muestran que entre los 7 y 10 años los niños ya no solo inventan, sino que empiezan a pensar en los detalles y a construir mentiras que suenan creíbles. Tienen en cuenta lo que sabe su interlocutor e incluso anticipan su reacción.

    🔑 Por qué el niño oculta la verdad

    A esta edad, el niño empieza a comprender que un mismo hecho puede percibirse de distintas maneras. Se da cuenta de que las palabras no solo describen la realidad, sino que también pueden modificarla a los ojos de los demás.

    Los niños de 7 a 10 años pueden mentir por diferentes razones:

    • Evitar un castigo: «Si digo la verdad, me van a regañar».
    • Temor a decepcionar a los padres: «No quiero que mamá se ponga triste».
    • Poner a prueba los límites: «¿Qué pasará si miento?».
    • Crear un «mundo secreto». Empieza a formarse el espacio personal: «Es mi secreto, no quiero contarlo».
    • Imitar a los adultos. Los niños escuchan a los adultos decir pequeñas mentiras —»Di que no estoy en casa«— y empiezan a repetirlo.
    • Querer parecer mejores ante los adultos o los amigos.

    ✅ Cómo reaccionar de la mejor manera

    Los niños de esta edad no mienten porque sean «malos», ni porque tú hayas hecho algo mal; están aprendiendo a vivir en un mundo complejo. Es importante ayudarles a entender que la honestidad hace que este mundo sea mejor. Si reaccionamos con calma, el niño aprenderá a ver la verdad no como una amenaza, sino como una forma de comunicarse que fortalece la confianza.

    Esto puede ayudar:

    • Mantener la calma cuando se conoce la verdad.
      En lugar de decir: «¿Cómo has podido mentirnos?», puedes decir:
      «Gracias por ser sincero. Entiendo lo difícil que fue decirlo, pero para mí es importante saber la verdad para poder ayudarte».
    • Ayudar al niño a identificar y comprender sus emociones:
      «¿Tenías miedo de que me enfadara? Pensemos juntos en cómo se podría haber actuado de otra manera».
    • Explicar las consecuencias de mentir:
      «Cuando mientes, me resulta más difícil confiar en ti. Y la confianza significa poder decir la verdad sin miedo».
    • Valorar la honestidad, incluso cuando la verdad es incómoda:
      «Gracias por decir la verdad. Para mí es importante».
    • Mostrar que equivocarse es normal:
      «Aunque hagas algo mal, te sigo queriendo. Para mí es más importante que seamos honestos el uno con el otro».

    🌱 Recuerda: el niño está aprendiendo a decir la verdad. Ayúdale a sentirse seguro y la necesidad de mentir disminuirá. Tu calma y tu apoyo le enseñarán a no tener miedo de ser él mismo.

  • Mi hijo de 7 años es irrespetuoso y discute: ¿qué está pasando?

    Время на прочтение: 2 минут(ы)

    Entre los 7 y los 10 años, el niño gana más autonomía y se enfrenta a distintas normas: escolares, familiares y sociales. Un comportamiento difícil a esta edad no es una provocación, sino un intento de comprender hasta qué punto el adulto cercano es estable y fiable, y si puede apoyarse en él. En otras palabras, el niño pone a prueba los límites y la solidez del vínculo de apego.

    Por qué los niños ponen a prueba los límites

    Los niños de 7 a 10 años ya no son pequeños, pero todavía no son adolescentes. Empiezan a arriesgar, a romper normas, a discutir, a ser más independientes y a hacer las cosas “a su manera”. Al mismo tiempo, la cercanía con los padres sigue siendo muy importante para ellos.

    Un comportamiento que para los adultos puede parecer provocador suele ser una señal de ansiedad:
    “Si me equivoco, ¿mamá me seguirá queriendo?”

    Poner a prueba los límites es una forma de comprobar que los padres están ahí, incluso si el niño no es perfecto. Esta etapa es muy importante para la construcción de la estabilidad interna y la autoestima del niño.

    Cómo ponen los niños a prueba los límites

    La puesta a prueba de los límites puede manifestarse de distintas maneras. Por ejemplo:

    • El niño discute: “¿Por qué tengo que hacerlo?” y observa atentamente la reacción del adulto.
    • “Olvida” las normas supuestamente por accidente: “Ah, no lo sabía…”.
    • Hace intencionadamente las cosas a su manera, aunque se le haya pedido lo contrario.
    • Empieza a preguntar por qué los demás pueden y él no.
    • Finge estar cansado o retrasa las tareas, gana tiempo: “Ahora”, “Luego”.
    • Provoca al adulto fingiendo no oír o olvidando las peticiones.
    • Compara a sus padres con otros adultos.

    A veces, la protesta puede adoptar formas más duras: el niño puede ser grosero, dar portazos o mostrarse obstinado. Es una parte normal del desarrollo: precisamente a esta edad empieza a sentirse como una persona independiente.

    Cómo puede reaccionar mejor el padre o la madre

    El niño puede enfadarse, discutir o quejarse para conseguir lo que quiere. No se trata de astucia ni de manipulación, sino de un intento de manejar una situación difícil.

    La tarea del adulto es mantener la firmeza sin caer en un control excesivo. Los límites son importantes, pero aún más lo son el respeto y el vínculo. Recuerda que detrás de un comportamiento difícil hay una necesidad de apoyo.

    Qué puede hacer el adulto:

    • Mantener la calma. No es necesario tener siempre razón; lo importante es ser un adulto de confianza.
    • Reconocer las emociones del niño y recordar con calma los límites:
      “Veo que estás enfadado. Pero la norma sigue siendo la misma”.
    • Distinguir claramente entre necesidades y deseos. No ceder en todo, pero tampoco ignorar.
    • Ofrecer opciones dentro de un marco claro.
      En lugar de “Hazlo”, decir: “¿Lo haces ahora o después de cenar?”.

    El niño pone a prueba los límites no porque sea “malo”, sino porque está creciendo. Cuanto más tranquilo pueda sostener el adulto estas pruebas —sin ofenderse, sin asustarse, pero tampoco cediendo—, más probabilidades tendrá el niño de crecer con estabilidad interna y confianza en sí mismo.

  • ¿¿Por qué mi hijo adolescente es tan distante e irrespetuoso??

    Время на прочтение: 2 минут(ы)

    La adolescencia es una etapa de profunda transformación interna. El cuerpo, las emociones y la forma de pensar cambian. Para construirse a sí mismo, el adolescente necesita separarse de su entorno, incluso a través de la distancia, los conflictos y las discusiones. Poner a prueba los límites no es destruir la relación, sino una forma de buscar apoyo dentro de uno mismo.

    Por qué los adolescentes empiezan a comportarse así

    El cerebro del adolescente está cambiando: la corteza prefrontal —responsable del autocontrol, la planificación, la capacidad de pensar en las consecuencias y de regular las reacciones emocionales— aún está en desarrollo. El adolescente puede estallar con rapidez, responder de forma brusca o enfadarse, no porque no te quiera, sino porque su cerebro todavía no sabe frenar a tiempo cuando las emociones le desbordan.

    Si a esto le sumamos los cambios hormonales, la búsqueda de identidad y del propio lugar en la sociedad, obtenemos a una persona para quien es vital entender quién es, dónde están sus límites y en quién puede apoyarse.

    Cómo se manifiesta la prueba de límites

    La puesta a prueba de los límites en la adolescencia puede expresarse de muchas maneras: desde el conflicto abierto hasta el silencio total. Detrás de la dureza externa suele esconderse una pregunta ansiosa del hijo o hija:
    “¿Sigues conmigo aunque no sea como te gustaría?”

    Así es como un adolescente puede poner a prueba los límites:

    • Discute abiertamente y defiende su punto de vista; puede hablar con dureza, usar sarcasmo o ignorar las normas.
    • Ignora, se cierra y no responde a los intentos de comunicación.
    • Incumple acuerdos: llega tarde, olvida promesas.
    • Hace lo contrario de lo esperado: no va a la escuela, llega tarde.
    • Se distancia del padre o la madre en público.
    • Experimenta con su imagen, hábitos y grupos de amigos.

    Qué puede ayudar a los padres en este periodo

    La adolescencia es una etapa de separación del adulto de referencia: emocional, intelectual y, a veces, física. La necesidad interna del adolescente es comprender quién es y comprobar si le quieren tal como es, incluso cuando resulta “difícil” o incómodo.

    Para los padres es importante mantener un vínculo sano y sólido, a pesar del distanciamiento y la rudeza del adolescente. Una relación cálida es una protección clave en una etapa en la que el adolescente toma decisiones importantes para su vida.

    Tu adolescente necesita a un adulto que pueda:

    • No ganar la discusión, sino estar presente.
    • Ofrecer opciones en lugar de imponer ultimátums.
    • Escuchar y hacer preguntas abiertas, incluso si las respuestas no gustan.
    • Diferenciar entre límites y control.
    • Respetar la necesidad de distancia del adolescente y, aun así, seguir cerca.
    • Sostener incluso las emociones desagradables.
    • Mantener el contacto, aunque el adolescente se aleje.
    • No convertir la conversación en una lección o un sermón.
    • No manipular con el amor ni gritar.

    Recuerda: no es necesario estar de acuerdo con todo; basta con respetar. No es obligatorio aprobar; es fundamental escuchar. Y si sabes decir:
    “Te quiero, incluso cuando estoy enfadado”,
    estás construyendo una base para el futuro.

    Al poner a prueba los límites, el adolescente no se aleja de ti: se está buscando a sí mismo y a sus puntos de apoyo. Es importante que, en ese momento, sigas siendo un adulto en quien pueda confiar: con normas claras, sereno, estable y cariñoso. Y si sientes que la situación te supera, siempre es posible pedir ayuda a un psicólogo.

  • Por qué un niño de 7 años miente y qué hacer al respecto

    Время на прочтение: 2 минут(ы)

    Si entre los 4 y 6 años los niños y niñas suelen fantasear y todavía distinguen mal entre la verdad y la ficción, entre los 7 y 10 años la mentira adquiere un significado diferente.

    A esta edad, el niño ya entiende qué es la honestidad, pero a veces elige no contar algo. ¿Por qué ocurre esto y cómo apoyar al niño en esos momentos? Lo explicamos en este artículo.

    📊 Qué dicen las investigaciones

    Los estudios muestran que entre los 7 y 10 años los niños ya no solo inventan, sino que empiezan a pensar en los detalles y a construir mentiras que suenan creíbles. Tienen en cuenta lo que sabe su interlocutor e incluso anticipan su reacción.

    🔑 Por qué el niño oculta la verdad

    A esta edad, el niño empieza a comprender que un mismo hecho puede percibirse de distintas maneras. Se da cuenta de que las palabras no solo describen la realidad, sino que también pueden modificarla a los ojos de los demás.

    Los niños de 7 a 10 años pueden mentir por diferentes razones:

    • Evitar un castigo: «Si digo la verdad, me van a regañar».
    • Temor a decepcionar a los padres: «No quiero que mamá se ponga triste».
    • Poner a prueba los límites: «¿Qué pasará si miento?».
    • Crear un «mundo secreto». Empieza a formarse el espacio personal: «Es mi secreto, no quiero contarlo».
    • Imitar a los adultos. Los niños escuchan a los adultos decir pequeñas mentiras —»Di que no estoy en casa«— y empiezan a repetirlo.
    • Querer parecer mejores ante los adultos o los amigos.

    ✅ Cómo reaccionar de la mejor manera

    Los niños de esta edad no mienten porque sean «malos», ni porque tú hayas hecho algo mal; están aprendiendo a vivir en un mundo complejo. Es importante ayudarles a entender que la honestidad hace que este mundo sea mejor. Si reaccionamos con calma, el niño aprenderá a ver la verdad no como una amenaza, sino como una forma de comunicarse que fortalece la confianza.

    Esto puede ayudar:

    • Mantener la calma cuando se conoce la verdad.
      En lugar de decir: «¿Cómo has podido mentirnos?», puedes decir:
      «Gracias por ser sincero. Entiendo lo difícil que fue decirlo, pero para mí es importante saber la verdad para poder ayudarte».
    • Ayudar al niño a identificar y comprender sus emociones:
      «¿Tenías miedo de que me enfadara? Pensemos juntos en cómo se podría haber actuado de otra manera».
    • Explicar las consecuencias de mentir:
      «Cuando mientes, me resulta más difícil confiar en ti. Y la confianza significa poder decir la verdad sin miedo».
    • Valorar la honestidad, incluso cuando la verdad es incómoda:
      «Gracias por decir la verdad. Para mí es importante».
    • Mostrar que equivocarse es normal:
      «Aunque hagas algo mal, te sigo queriendo. Para mí es más importante que seamos honestos el uno con el otro».

    🌱 Recuerda: el niño está aprendiendo a decir la verdad. Ayúdale a sentirse seguro y la necesidad de mentir disminuirá. Tu calma y tu apoyo le enseñarán a no tener miedo de ser él mismo.

  • La inteligencia emocional ayuda a mentir menos

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    Los niños que saben comprender los sentimientos de los demás mienten con menos frecuencia. A esta conclusión llegaron los autores de un estudio publicado en 2024 en la revista Journal of Experimental Child Psychology. Esto se relaciona con la capacidad de los niños para imaginar cómo su mentira puede afectar a otras personas. Esta habilidad se llama empatía cognitiva y puede desarrollarse.

    ¿Qué es la empatía cognitiva y cómo funciona?

    La empatía cognitiva es la capacidad de entender lo que siente otra persona y de ponerse en su lugar. No se trata solo de sentir compasión, sino de saber mirar una situación desde el punto de vista del otro.

    Por ejemplo, cuando tu hijo te cuenta que alguien le ha herido, la empatía cognitiva le ayuda no solo a sentir su dolor, sino también a comprender por qué reacciona de esa manera.

    A veces, la empatía cognitiva se confunde con la empatía emocional. La empatía emocional es la capacidad de sentir las emociones de otra persona, de «contagiarse» de ellas. Por ejemplo, si tu hijo llora, tú también puedes sentirte triste o incluso empezar a llorar.

    Ambos tipos de empatía son importantes, pero es precisamente la empatía cognitiva la que ayuda a los niños a comprender las consecuencias de sus actos, y por eso mienten con menos frecuencia.

    Por qué los niños con empatía mienten menos

    Cuando la empatía se desarrolla en un niño, este empieza a darse cuenta de que mentir puede herir a los demás o provocar problemas. Y eso se vuelve importante para él.

    Carol Brady, doctora en psicología clínica por la Universidad de Walden, recomienda hablar con los niños de manera que no tengan miedo de ser honestos y recordarles que no se espera que sean perfectos en todo:

    «Quiero hacerte una pregunta y puede que me digas algo que no me guste mucho. Pero recuerda: tu comportamiento no eres tú. Te quiero pase lo que pase, y todos podemos equivocarnos. Por eso quiero que lo pienses bien y me des una respuesta sincera».

    Al darle al niño la oportunidad de reflexionar sobre estas palabras, aumenta la probabilidad de que le diga la verdad.

    Recuerda a tu hijo que le querrás siempre y crea un ambiente en el que no tenga miedo de decir la verdad.

    Cómo ayudar a un niño a desarrollar la empatía

    La habilidad de la empatía cognitiva se desarrolla con la edad y activa de forma intensa la corteza prefrontal del cerebro, que es responsable de los procesos de pensamiento complejos. Por cierto, es precisamente la empatía cognitiva lo que nos distingue de los robots (al menos por ahora).

    Esto es lo que puedes hacer para desarrollar la empatía cognitiva:

    • Trabajar la inteligencia emocional, que está estrechamente relacionada con la empatía cognitiva.
    • Libros y cursos para niños orientados a desarrollar la capacidad de reconocer y comprender las propias emociones y las de los demás ayudan a fortalecer la empatía cognitiva.
    • Leer literatura de ficción. Sumergirse en las historias y experiencias de los personajes ayuda a ver el mundo desde distintos puntos de vista, lo que favorece el desarrollo de la empatía cognitiva.
    • Practicar la escucha activa. Saber escuchar con atención y hacer preguntas aclaratorias ayuda a comprender mejor los pensamientos y sentimientos del interlocutor. La escucha activa por parte de los padres ayuda al niño a aprender más rápido a entender sus propias emociones.

    ¿Te animas a seguir nuestros consejos? Estamos seguros de que lo lograrás. No te preocupes si no notas un cambio inmediato: la empatía cognitiva se desarrolla con el tiempo.

  • Cuando los gadgets interfieren en el descanso del adolescente

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    Los adolescentes pasan cada vez más tiempo frente a las pantallas, durante el día y especialmente por la noche. Redes sociales, vídeos, juegos y mensajes no solo captan su atención, sino que también influyen en su bienestar.

    Si por la noche a tu hijo le cuesta dejar el teléfono y por la mañana le resulta difícil despertarse, es posible que los gadgets estén interfiriendo en su recuperación y descanso real.

    Qué impacto tienen los gadgets en la recuperación

    Entre los 12 y los 17 años el organismo atraviesa un periodo de crecimiento intenso, con cambios hormonales y altibajos emocionales. Para sostener todo esto se necesitan recursos: sueño de calidad, descanso, actividad física, pausas y la posibilidad de desconectar y relajarse.

    Los gadgets pueden dificultar que los adolescentes se sientan descansados y con energía, sobre todo si se usan sin medida. Así es como ocurre:

    • La luz azul de las pantallas suprime la producción de melatonina, la hormona del sueño. Esto dificulta que el cuerpo se prepare a tiempo para descansar y puede retrasar la hora de conciliar el sueño, tanto en adolescentes como en adultos.
    • Entre los 12 y 17 años el reloj biológico se desplaza: a muchos adolescentes les resulta más difícil dormirse temprano, como antes. Los gadgets refuerzan este desplazamiento y empeoran la situación: al cerebro le cuesta aún más entrar en un estado de calma.
    • Las redes sociales, los juegos y las conversaciones generan implicación emocional y dificultan la relajación. En lugar de desacelerar, el cerebro sigue funcionando de forma activa.

    Como resultado, los adolescentes se acuestan más tarde, duermen menos y se sienten cansados e irritables. Las investigaciones lo confirman: el tiempo frente a pantallas por la noche se asocia con un peor sueño, mayor ansiedad y somnolencia durante el día.

    Por qué los adolescentes no pueden “simplemente dejar el teléfono”

    Es importante recordarlo: si un adolescente no quiere apartar el teléfono por la noche, no se trata de pereza ni de terquedad.

    • Por la noche aparece un espacio personal que durante el día puede no existir. Es el momento de hablar con amigos, ver contenido interesante o estar a solas.
    • En la adolescencia, la aceptación y el reconocimiento de los iguales adquieren un gran peso. La comunicación online nocturna puede parecer realmente importante.
    • Los algoritmos de las aplicaciones están diseñados para retener la atención: el feed, las recomendaciones y las notificaciones empujan a un desplazamiento infinito.

    Cómo los gadgets pueden ayudar a descansar y recuperarse

    La tecnología no es un enemigo. Importa no solo cuánto, sino cómo se usa. Con un enfoque consciente, los gadgets también pueden ayudar a relajarse:

    • Los audiolibros y los pódcasts ayudan a cambiar el foco de atención de forma suave y a prepararse para dormir.
    • Las aplicaciones de respiración, meditación o registro de pensamientos y emociones son buenas herramientas para la recuperación.
    • Activar el modo nocturno del teléfono reduce el brillo y la luz azul, disminuyendo el impacto negativo en el sueño.

    Lo principal es acordar un equilibrio y no convertir todo el tiempo libre en tiempo de pantalla.

    Cómo apoyar al adolescente sin luchar contra el teléfono

    El adolescente no siempre ve la relación entre su bienestar y la forma en que pasa el tiempo a lo largo del día. Puede no notar el cansancio, ignorar las señales del cuerpo y no considerar los gadgets un problema. Pero cuanto más presión, mayor resistencia.

    Por eso, en lugar de sermones y referencias a estudios, es mejor ofrecer apoyo y observación. Lo importante es estar cerca, no demostrar que el adolescente está equivocado.

    • Hablad de cómo se siente por la mañana, después de noches con mucho tiempo de pantalla y después de días con menos gadgets. Comparad juntos.
    • Propón con suavidad alternativas al tiempo digital: un paseo, un pódcast, un audiolibro, música tranquila, una conversación o la lectura.
    • Usad los gadgets como herramientas de conciencia: los rastreadores de sueño, pulso, nivel de estrés y tiempo de pantalla pueden ayudar al adolescente a ver por sí mismo la relación entre hábitos y bienestar.

    Los gadgets son una parte inseparable de la vida del adolescente. Pueden interferir o ayudar, según cómo se utilicen. Nuestra tarea no es solo limitar, sino enseñar a los niños y adolescentes a cuidarse, también de su sueño, su descanso y su recuperación.