Автор: El equipo editorial de Findmykids

  • ¿Tu hijo siempre sale corriendo hacia adelante? Hay solución

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    Vas caminando por la calle y, de repente, tu hijo ya está a varios metros por delante. El corazón se te encoge: ¿y si no ve un coche, gira por donde no debe o simplemente desaparece de tu vista?

    A los 6–9 años los niños ya se sienten “casi adultos”: quieren más libertad, se apresuran a demostrar su independencia y a menudo se adelantan sin esperar a sus padres. Estos paseos pueden generar ansiedad, pero es importante no asustarles, sino ayudarles a entender cómo mantenerse seguros, incluso cuando tienen muchas ganas de ir primeros.

    Hemos reunido consejos sencillos y efectivos que ayudarán a enseñar al niño, de forma suave y gradual, a ser más prudente en la calle.

    ¿Por qué el niño quiere ir corriendo por delante?

    Para ayudar al niño a aprender algo, primero es importante entender qué le está pasando. En la etapa de primaria:

    • Tienen mucha energía: quieren correr, saltar y moverse.
    • El autocontrol aún se está formando: conocen las normas, pero pueden entusiasmarse y olvidarlas.
    • Sienten una gran curiosidad por el mundo que los rodea: un escaparate llamativo, un cachorro en el césped o amigos más adelante distraen fácilmente su atención.

    El deseo de adelantarse es normal a esta edad. Lo importante es acompañarlo con comprensión y ayudar al niño a desarrollar poco a poco el hábito de la atención y el comportamiento seguro.

    Cómo ayudar al niño a estar más atento en la calle

    Cuando el niño se adelanta, no se trata de prohibirle moverse, sino de enseñarle a hacerlo con seguridad. Aquí serán clave la paciencia, el juego y la confianza.

    Acordar reglas

    Los niños se sienten más seguros cuando saben de antemano qué se espera de ellos. Antes de salir, pueden comentar brevemente:

    • “Caminamos cerca para poder vernos”.
    • “Cruzamos la calle solo juntos”.
    • “Si quieres correr, avísame”.

    Es importante que suene como un acuerdo entre ambos, no como una prohibición estricta.

    Despertar el interés

    Cuando el aprendizaje se convierte en juego, al niño le resulta más fácil concentrarse y recordar el comportamiento adecuado. Pueden intentar:

    • contar los coches que pasan en rojo;
    • competir para ver quién nota primero la luz verde;
    • inventar historias sobre los peatones o los coches;
    • jugar a los espías, donde la misión del niño es mantenerse siempre a la vista.

    Así, la atención se desplaza del impulso de correr a la observación y la conciencia.

    Ser ejemplo

    Los niños imitan a sus padres más de lo que escuchan sus palabras. Si el adulto cruza en rojo, al niño le costará creer en la importancia de las normas.

    Muestra con tu ejemplo cómo se ve la atención en la carretera:

    • detente antes del paso de peatones;
    • mira a ambos lados;
    • di en voz alta: “Esperemos el verde”, “Mira, los coches todavía están pasando”.

    Así el niño entiende que la seguridad no es solo una regla, sino un hábito que puede aprender de sus padres.

    Dar responsabilidades adecuadas a su edad

    Es importante que el niño sienta que confían en él. Cuando tiene un papel concreto, se vuelve más atento y consciente. Puedes confiarle:

    • pulsar el botón del semáforo;
    • ayudar a un hermano menor a cruzar la calle;
    • ser el “responsable de la ruta”, sugiriendo por dónde ir.

    Estas tareas le ayudan a concentrarse más y refuerzan su confianza: “Sé ser cuidadoso”.

    Lo importante a recordar

    La impulsividad es una parte natural de la infancia, y es normal. No se trata de luchar contra ella, sino de ayudar al niño a adquirir poco a poco referencias sencillas: “las reglas ayudan a estar seguros”, “la atención es mi superpoder”.

    Enseñar a estar más atento en la calle es un proceso que requiere tiempo y paciencia. Si se afronta con calma y respeto, los paseos y el camino a la escuela dejarán de ser motivo de preocupación y se convertirán en una oportunidad para conversar y descubrir cosas juntos.

  • Cómo entretener a un niño en el avión, tren o coche

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    A veces el trayecto pasa volando y otras parece interminable. Sobre todo cuando el niño empieza a aburrirse o cansarse. Sabemos lo difícil que puede ser para los padres mantener la calma y, al mismo tiempo, lograr que el viaje sea cómodo para todos.

    Hemos reunido ideas que ayudarán a entretener a niños de 5 a 13 años en el avión, el tren o el coche. Encontrarás listas preparadas de juegos y actividades por edades, sugerencias sobre qué llevar y consejos para acordar normas de manera tranquila durante el viaje.

    Checklist antes de salir

    Una buena preparación reduce la mitad de la ansiedad. Intenta convertir los preparativos en parte del juego. Si tu hijo está en edad preadolescente, dale una mochila y propón que prepare “su kit de viajero”.

    Qué puedes incluir:

    • auriculares y cargador (mejor llevar también una powerbank);
    • toallitas húmedas y pañuelos;
    • un snack ligero;
    • bolsas para basura;
    • su juguete favorito;
    • un cuaderno con lápices o colores.

    Descarga con antelación audiocuentos, listas de música, juegos sencillos, libros para colorear o crucigramas.

    Antes del viaje, acordad reglas simples. Por ejemplo: “Caminamos cerca para poder vernos” o “Si quieres correr o hablar en voz alta, primero avísame”. Así al niño le resulta más fácil respetar los acuerdos y tú podrás estar más tranquilo.

    Alternar actividades para no aburrirse

    Un viaje largo puede parecer eterno si siempre se hace lo mismo. Un truco sencillo es alternar actividades y convertir el trayecto en una cadena de mini-sesiones.

    Idealmente: 20–40 minutos de actividad, luego 10–20 minutos de descanso o merienda. Este ritmo ayuda a mantener la atención y el buen ánimo.

    Intenta variar el formato:

    • juego con movimiento o pequeños estiramientos;
    • actividad tranquila: dibujar, leer;
    • tarea creativa: inventar una historia, hacer algo con las manos;
    • un poco de tiempo con pantalla;
    • conversación o juego en familia.

    Es solo un esquema orientativo, puedes adaptarlo al estado de ánimo del niño y a las circunstancias.

    5–9 años

    A esta edad los niños son curiosos y llenos de energía. Quieren moverse, probar cosas distintas y cambiar de actividad con frecuencia. Lo mejor es ofrecer tareas cortas que puedan alternarse.

    Pegatinas y álbum-misión

    Qué llevar: cuaderno o libreta, pegatinas, rotuladores.
    Cómo motivar: “Hagamos un álbum de viaje: pega una pegatina cuando veas un monumento”. Puedes elegir cualquier objeto que aparezca con frecuencia en el camino.

    Audiocuento + dibujo

    Qué llevar: auriculares, cuento descargado, hojas y lápices.
    Cómo motivar: proponer que dibuje una escena del cuento.

    Juegos de “Buscar colores o formas”

    Funciona en coche, tren o avión. Distrae y entrena la observación.
    Cómo motivar: “Encuentra algo verde por la ventana” o “Cuenta todos los objetos cuadrados que veas”.

    Otras ideas

    • Puzles magnéticos o damas magnéticas: compactos y sin piezas que se pierdan.
    • Origami sencillo: mantiene las manos ocupadas y da la sensación de “crear algo propio”.

    10–11 años

    A esta edad los niños empiezan a valorar la autonomía. Es importante que sientan confianza y algo más de libertad. Pero aún disfrutan jugar y crear en familia.

    Audiolibros, podcasts, series o playlists

    Qué llevar: archivos descargados y auriculares.
    Cómo motivar: proponer comentarlos después.

    Crucigramas, sudoku, acertijos lógicos

    Puedes imprimirlos o llevar una revista. Mantienen ocupados sin necesidad de pantalla.

    Blog de viaje

    Qué llevar: cuaderno o notas en el móvil.
    Cómo motivar: proponer escribir cada día un breve resumen: qué pasó y qué fue lo que más gustó. También pueden tomar fotos y luego crear un pequeño álbum o collage.

    Otras ideas

    • Juegos de mesa compactos: tres en raya, ajedrez, juegos de palabras magnéticos.

    12–13 años

    Los adolescentes quieren más libertad y prefieren elegir sus actividades. Necesitan sentir que sus intereses se respetan y que pueden expresarse.

    Mini-juegos de idiomas

    Qué llevar: aplicaciones tipo Duolingo o tarjetas con palabras básicas.
    Cómo motivar: si viajan al extranjero, proponer practicar inglés o aprender frases básicas del país al que van.

    Mini-vlog o fotohistoria

    Qué llevar: smartphone o cámara y una app sencilla de edición.
    Cómo motivar: grabar vídeos cortos durante el viaje o crear una historia fotográfica de la aventura.

    Lectura y notas

    Qué llevar: cómics, relatos o novelas juveniles.
    Cómo motivar: escribir una reseña breve o, si le gusta dibujar, crear una ilustración inspirada en la lectura.

    Otras ideas

    • Ajedrez, juegos de mesa de viaje, rompecabezas.
    • Proponer que planifique una mini-ruta en el destino: qué visitar, qué probar, a dónde ir.
  • 7 ideas para distraer a tu hijo del móvil

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    Incluso a los adultos a veces nos cuesta dejar el móvil. Para los niños, que aún no saben controlar bien su atención, es todavía más difícil.

    Sin embargo, el tiempo frente a la pantalla puede sustituirse poco a poco por otras actividades. Hemos reunido 7 ideas que ayudarán a hacerlo de forma suave, sin presión y con interés.

    Juegos intelectuales

    Ajedrez, damas, backgammon, Scrabble, juegos de mesa, juegos de recorrido y cuestionarios ayudan a entrenar la atención y desarrollar el pensamiento. Para los niños de primaria hay decenas de opciones: desde juegos sobre animales y dibujos animados favoritos hasta versiones infantiles de juegos de imaginación.

    Podéis tener en casa un par de juegos para las tardes en familia o para reuniones con amigos.

    Robótica

    Las clases de robótica pueden entusiasmar tanto a niños como a niñas que disfrutan construir e inventar. Durante el proceso de creación desarrollan atención, constancia, pensamiento lógico y creatividad.

    A menudo trabajan en proyectos en equipo y participan en competiciones, lo que fortalece sus habilidades sociales. Además, se familiarizan con los fundamentos de la programación de manera lúdica. Son conocimientos que sin duda les servirán en el futuro.

    Actividades creativas

    Dibujar, modelar, tejer, crear accesorios o hacer manualidades sencillas con papel ayuda al niño a expresarse. Estas actividades desarrollan la imaginación, la perseverancia y el sentido estético. También son una buena forma de relajarse y sumergirse en el propio mundo de ideas.

    Podéis probar distintos talleres —desde pintura hasta cerámica— y elegir lo que realmente le apasione.

    Música y canto

    La música ayuda a los niños a vivir sus emociones y expresarse. Cantar o tocar guitarra, batería o ukelele desarrolla la atención, el oído y la confianza.

    No es necesario comprar instrumentos caros de inmediato: basta con que el niño pruebe, sienta el ritmo y disfrute del proceso.

    Deporte y juegos activos

    Fútbol, danza, gimnasia, natación o escalada: hay muchas opciones, y cada niño puede encontrar la que realmente le motive. Lo importante es no obligar. Es mejor permitir que pruebe distintas actividades y elija por sí mismo.

    El deporte ayuda a liberar energía, fortalece el cuerpo y el carácter, enseña a administrar fuerzas y a concentrarse. Y los juegos en equipo aportan amistad, apoyo y la alegría de las victorias compartidas.

    Fotografía y vídeo

    El móvil no es un enemigo si se usa con criterio. Tomar fotos y grabar vídeos puede convertirse en un verdadero pasatiempo: el niño aprende a observar momentos interesantes, experimentar con ángulos y contar historias a través de imágenes.

    Lo importante no es publicar, sino el proceso. Pueden revisar juntos las fotos, aprender a editar y disfrutar del resultado. Esto desarrolla una mirada creativa y ayuda a ver la belleza en lo cotidiano.

    Cocina y experimentos en la cocina

    En la cocina no solo se come, también se crea. Pizza, batidos o galletas caseras son un excelente comienzo.

    Añade un toque divertido: “cena estilo restaurante” o “batalla de cupcakes”. Cuando el niño prueba, mezcla, decora y elige la receta, se siente como un verdadero adulto.

    Es un momento para estar juntos, conversar, reír y crear pequeñas tradiciones familiares.

    El móvil no desaparecerá de la vida del niño, y eso no tiene nada de malo. Simplemente es importante que en su vida haya más actividades que le apasionen incluso más que la pantalla.

    Buscad estas actividades juntos, probad cosas nuevas y compartid impresiones. Así el niño podrá conocerse mejor, y vosotros tendréis más oportunidades para conversar, reír y disfrutar de momentos cálidos en familia.

  • Cómo ayudar a un niño a relajarse y reducir la ansiedad

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    Cómo ayudar a un niño a relajarse y reducir la ansiedad

    Escuela, actividades extraescolares, exámenes… y todo ello en medio de un flujo constante de información. Este ritmo puede provocar en niños y adolescentes una sensación continua de ansiedad y cansancio.

    Hemos reunido ejercicios sencillos que ayudan a los niños a relajarse. Si les enseñamos estas técnicas, les resultará más fácil mantener la calma en situaciones difíciles, concentrarse y cuidar su equilibrio emocional.

    Técnicas de relajación

    Según diversos estudios, las prácticas de respiración y la tensión y relajación progresiva de los músculos ayudan a disminuir el ritmo cardíaco, aliviar la rigidez corporal y manejar el estrés.

    Los psicólogos también recomiendan el movimiento, la música, la creatividad y la escritura de diarios.

    Ejercicios de respiración

    Cuando estamos tensos, la respiración se vuelve superficial. Pero si desaceleramos un poco el ritmo, inhalamos profundamente y exhalamos lentamente, como si sopláramos por una pajilla, la ansiedad disminuye y aparece más calma interior.

    Para los niños más pequeños se puede convertir en un juego: “Infla el globo” — inhalar por la nariz y exhalar lentamente por la boca, imaginando cómo se infla un globo invisible.

    Si al niño le cuesta imaginarlo, primero pueden inflar un globo real y después hacer el ejercicio sin él.

    Otra opción: el niño se acuesta boca arriba, coloca un peluche sobre el abdomen y respira de manera que el juguete suba y baje.

    A los adolescentes se les puede proponer la técnica de la “respiración cuadrada”: inhalar contando hasta 4, mantener 4, exhalar 4 y volver a mantener 4.

    “La pluma y la estatua”

    Puedes proponerle al niño un juego. Es una pluma ligera que vuela con la corriente de aire. Que “vuele” durante 10 segundos y luego imagine que de repente se convierte en una estatua: se queda inmóvil, sin moverse.

    Después puede volver a ser una pluma, relajando el cuerpo poco a poco.

    Repite el ejercicio varias veces y termina en un estado de calma. Al final, abraza al niño si le apetece.

    Relajación muscular

    Este ejercicio se basa en tensar y relajar alternativamente distintos grupos musculares.

    Para niños de 7–10 años puede presentarse de forma lúdica: “Aprieta el puño como si exprimieras un limón, y ahora suéltalo”.

    A los adolescentes se les puede proponer una práctica más consciente: tensar gradualmente todos los músculos del cuerpo de abajo hacia arriba. Primero los pies, luego las pantorrillas, brazos, hombros, músculos del rostro… y después relajar todo el cuerpo lentamente.

    Música para la calma

    La música suave o los sonidos de la naturaleza ayudan a sentirse mejor y reducir la ansiedad.

    Para los niños pequeños funcionan melodías simples y tranquilas. A los adolescentes puede gustarles crear sus propias playlists de descanso con canciones relajantes. También pueden escuchar ruido blanco, sonidos del mar o del bosque.

    Actividad física para liberar tensión

    El movimiento o una pequeña sesión de estiramientos es una excelente forma de liberar la tensión acumulada. Pueden poner música animada y saltar, estirarse, mover los brazos o simplemente bailar juntos.

    Visualización

    La imaginación es una gran aliada para relajarse.

    Puede gustarle al niño el juego “Viaje imaginario”: invítalo a cerrar los ojos e imaginar el mar cálido, un bosque o cualquier lugar donde se sienta tranquilo.

    Los adolescentes pueden usar la visualización antes de un examen o una presentación: imaginar que afrontan la situación con seguridad y sin tensión.

    Dibujo y creatividad

    Dibujar, modelar o escribir ayuda a expresar emociones, reconocerlas y comprenderlas. Pueden intentar dibujar el estado de ánimo, “volcarlo” en el papel. Después, hablar sobre los colores elegidos, el tono y lo que ambos sintieron mientras dibujaban.

    Diario personal

    A partir de los 10 años puede ser útil llevar un diario —en papel o digital—. Al escribir pensamientos y emociones, el niño aprende a reconocerlos y comprenderse mejor. Esto ayuda a reducir la ansiedad y manejar las preocupaciones.

    No es necesario usar todas las técnicas a la vez; basta con elegir una o dos que le gusten a tu hijo. Practicar estos ejercicios juntos no solo reduce la tensión, sino que también crea más momentos de calma y alegría compartidos.

    Seguiremos compartiendo contigo materiales útiles sobre crianza e infancia.

  • Por qué los adolescentes no duermen lo suficiente y cómo ayudar

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    La adolescencia es una etapa de cambios rápidos: el cuerpo crece, el equilibrio hormonal cambia y las emociones se intensifican.

    En este período el sueño saludable es especialmente importante: ayuda a afrontar las cargas, mantener la concentración y sentirse más estable emocionalmente.

    Los médicos recomiendan que los adolescentes de 12 a 17 años duerman entre 8 y 10 horas al día. Sin embargo, esto rara vez coincide con la realidad. Veamos por qué ocurre y cómo ayudar al adolescente a descansar mejor.

    Qué impide que los adolescentes duerman lo suficiente

    Muchos adolescentes pasan mucho tiempo con el móvil, no le dan importancia al descanso y priorizan a los amigos, las aficiones, las actividades extraescolares o las fiestas.

    Pero no se trata solo de hábitos, sino también de características biológicas. Con la llegada de la adolescencia, en muchos jóvenes se desplazan los ritmos biológicos: la hormona del sueño comienza a producirse más tarde que en la infancia. Por eso, a los chicos y chicas de 12 a 17 años realmente les cuesta acostarse temprano.

    Cómo afecta la falta de sueño

    La falta de descanso suele provocar irritabilidad, dificultades para concentrarse, cansancio, somnolencia e incluso disminución de la inmunidad. Además, dormir poco puede llevar a comer en exceso y, como consecuencia, al aumento de peso. Esto también ocurre en los adultos.

    Además, la falta de sueño en la adolescencia no solo afecta al estado de ánimo, sino también a la salud:

    • empeora la memoria y resulta más difícil estudiar;
    • disminuye la resistencia al estrés;
    • aumenta el riesgo de infecciones y otras enfermedades;
    • aparecen cambios bruscos de humor.

    Cómo ayudar al adolescente a establecer una rutina de sueño

    A un joven de 12–17 años no se le puede imponer de manera tajante una hora fija para dormir, como cuando era más pequeño. Aquí es necesario dialogar y explicar por qué el descanso es importante. Y hacerlo de forma que el adolescente sienta cuidado, no control.

    Acordar un horario

    Podéis hablar juntos sobre una hora de acostarse y levantarse que sea cómoda tanto para el adolescente como para la familia. Sería ideal mantener un horario similar también los fines de semana; así será más fácil conciliar el sueño y despertarse sin estrés adicional. Sabemos que no es sencillo, pero vale la pena intentarlo.

    Reducir el uso de dispositivos antes de dormir

    La luz azul de la pantalla del móvil o del portátil por la noche interfiere con la producción de la “hormona del sueño”, la melatonina. Intenta proponer alternativas de forma suave: leer un libro, escuchar música tranquila o simplemente conversar antes de acostarse.

    Hacer que la habitación sea cómoda para dormir

    La calidad del sueño depende de cosas sencillas: aire fresco, una cama cómoda, cortinas que bloqueen la luz. Puedes sugerir que el adolescente elija una lámpara nocturna o un antifaz para dormir; así sentirá mayor control y quizás quiera probar un nuevo horario por iniciativa propia.

    Mantener actividad física durante el día

    El deporte y el movimiento ayudan a conciliar el sueño más rápido, pero es mejor terminar los entrenamientos al menos dos horas antes de dormir, y las actividades de alta intensidad, 3–4 horas antes. Una caminata tranquila por la tarde puede ser una buena opción: es saludable y además permite pasar tiempo juntos.

    Cenar ligero

    Las comidas pesadas —como carnes grasas, comida rápida o dulces— por la noche dificultan un sueño reparador. Podéis hablar sobre opciones más ligeras para la cena. Lo ideal son platos con proteínas y verduras, por ejemplo: pescado con zanahorias guisadas, ensalada con queso feta, pavo con verduras.

    Conversar sobre los beneficios del sueño

    Los adolescentes aceptan más fácilmente las reglas cuando entienden su sentido. Puedes explicar que el sueño influye no solo en la salud, sino también en el estado de ánimo, la memoria y la concentración. Funcionan bien ejemplos de su propia experiencia: cuando ha dormido bien y le ha resultado más fácil estudiar o entrenar.

    Lo importante a recordar

    El sueño es una condición esencial para un crecimiento y desarrollo saludables. A los adolescentes les resulta difícil organizar por sí mismos una rutina, y aquí es especialmente necesario el apoyo suave de los padres. Lo importante no es obligar, sino ayudar: crear condiciones cómodas, dialogar y dar ejemplo.

    Si el adolescente aprende a cuidar su descanso ahora, este hábito le ayudará a cuidarse también en la vida adulta.

  • ¿Cuánto tiempo de pantalla es normal para un niño?

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    Dibujos en el desayuno, tablet en el coche, juegos después del colegio — las pantallas se han convertido en parte de la vida de los niños. Pero ¿cuánto tiempo de pantalla es normal? No solo importa el límite, sino también qué mira el niño, con quién y por qué.

    👶 Bebés: 0–2 años

    La Organización Mundial de la Salud y la Academia Americana de Pediatría coinciden en las recomendaciones: hasta los 18 meses es mejor prescindir de las pantallas — excepción solo para las videollamadas con los seres queridos. Los pequeños necesitan comunicación en vivo, contacto y contacto con vosotros.

    A partir de los 18 meses se puede empezar a mostrar vídeos cortos, pero solo junto a vosotros. Es importante no solo ver, sino también decir qué ocurre en la pantalla. Así es más fácil para el niño entender lo que ve.

    👧 Preescolares: 2–5 años

    La recomendación — no más de una hora al día, y es mejor si el padre está cerca. En lugar de la visualización pasiva es más útil incluir programas educativos y hablar de lo que ocurre. Esto ayuda a desarrollar el lenguaje y el pensamiento.

    🧒 Niños en edad escolar: 6–10 años

    Aquí es importante el equilibrio. El tiempo de pantalla no debe interferir con el sueño, el estudio y la actividad física. La Academia Americana de Pediatría aconseja a los padres discutir con el niño las reglas: cuándo y dónde se pueden usar los dispositivos. Óptimo — pasar frente a la pantalla no más de 1,5–2 horas al día precisamente para entretenimiento, sin contar el tiempo que se dedica al estudio.

    👦 Adolescentes: 11–17 años

    Según Common Sense Media, los adolescentes pasan de media 8,5 horas al día frente a la pantalla, pero esto no siempre es malo. Lo importante — entender en qué se va este tiempo. Ayudad al niño a aprender a reconocer contenidos de calidad, descansar de la pantalla y hacer pausas.

    Edad del niño Tiempo de pantalla recomendado Qué es importante tener en cuenta
    0–18 meses Sin pantallas — solo videollamadas Adecuado solo para comunicarse con los seres queridos. Mejor evitar vídeos de entretenimiento — a esta edad es más importante la comunicación en vivo
    18–24 meses Solo junto a vosotros y solo contenido útil Ved juntos, decid qué ocurre en la pantalla. Esto ayuda al niño a entender y sentirse seguro
    2–5 años Hasta 1 hora al día Mejor — junto a vosotros. Vuestras explicaciones y apoyo hacen que la visualización sea más útil y cálida
    6–10 años Hasta 1,5–2 horas de tiempo libre frente a la pantalla El tiempo para el estudio no se cuenta. Es bueno que haya pausas. Discutid con el niño qué contenidos le gustan
    11–13 años Hasta 2 horas de tiempo libre frente a la pantalla Enfoque flexible: es importante discutir qué mira el niño y encontrar juntos un equilibrio saludable
    14–17 años Todo depende de los acuerdos La confianza — la clave. Poneos de acuerdo sobre las reglas y volved a ellas si algo va mal. Vuestro apoyo es más importante que las limitaciones

    Qué es importante recordar

    Vale la pena prestar atención no solo a cuánto tiempo pasa el niño frente a la pantalla, sino también a qué mira, con quién y en qué condiciones. UNICEF, el fondo para la infancia de la ONU, subraya: la visualización compartida y la discusión de contenidos digitales — desde dibujos hasta juegos — a menudo ayudan más que las simples limitaciones de tiempo.

    Lo más importante — estar cerca. Al niño le hace falta un adulto en quien confiar, no solo reglas.

    Fuentes:

  • El adolescente ha dejado de asearse. ¿Qué hacer?

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    El adolescente no se lava el cabello, usa siempre la misma ropa y no se cepilla los dientes. Los padres se preocupan, se enfadan, intentan convencerlo… pero sin resultados.
    Parece que essimplemente es perezoso o lo hace «a propósito». Sin embargo, en la mayoría de los casos las razones son más profundas. Y se pueden abordar si se actúa con cuidado y sin presión.

    Por qué los adolescentes dejan de cuidarse

    Estas dificultades aparecen con mayor frecuencia entre los 11 y los 18 años y afectan a alrededor del 20 % de los adolescentes. Es una etapa de crecimiento intenso, de replanteamiento de la identidad y de gran sensibilidad a lo que ocurre alrededor.
    El autocuidado puede pasar a un segundo plano. Detrás de esto puede haber distintas causas:

    • Desconexión entre el cuerpo y la mente. El adolescente crece rápidamente, pero emocionalmente puede no estar preparado para aceptar su nuevo cuerpo.
    • Baja autoestima. Puede sentir que no tiene fuerzas ni sentido cuidar de sí mismo, o no ver valor en sí.
    • Pérdida del vínculo con los padres. Sin un contacto cálido y una aceptación genuina, disminuye también la motivación interna para cuidarse.
    • Características neurológicas. En adolescentes con TEA o TDAH pueden existir dificultades con la planificación, las rutinas o la tolerancia a la sobrecarga sensorial.
    • Dificultades emocionales. El acoso escolar, la ansiedad, la depresión o la protesta pueden manifestarse a través del rechazo a la higiene.

    Cómo hablar con un adolescente sobre la higiene

    Es importante no avergonzar ni exigir. Lo mejor es estar cerca y ofrecer apoyo con suavidad.
    Se puede decir, por ejemplo:

    • «Noto que ahora te resulta difícil. ¿Qué te impide cuidarte?»
    • «Para mí es importante que en casa todos nos sintamos tranquilos y cómodos. ¿Pensamos juntos cómo lograrlo?»
    • «¿Te gustaría cambiar algo en tu rutina de cuidado personal? Podemos hacerlo paso a paso.»
    • «¿Qué te parecería ir a un/a esteticista o estilista? Quizá puedan sugerirte algo nuevo e interesante para ti.»
    • «¿Cuándo te sientes más seguro de ti mismo? ¿Hay algo que te ayude en esos momentos?»

    Qué puede ayudar al adolescente a cuidarse

    Para que un adolescente empiece a cuidarse de forma regular, es importante que sienta que tiene fuerzas y que no está solo. Esto puede ayudar:

    • Reconocer los pequeños pasos. Incluso lavarse la cara ya es un avance.
    • Planificar juntos. Elaborar un plan sencillo: qué hacer por la mañana y por la noche.
    • Recordatorios y apoyos visuales. Una lista en el espejo o una aplicación pueden ser útiles.
    • Un entorno cómodo. Un jabón favorito, una toalla suave, silencio en el baño o poder poner música reducen las barreras internas.
    • Cesión gradual de responsabilidad. No es necesario que el adolescente l haga todo solo de inmediato. Con tu apoyo —pero sin presión— podrá sentir que es capaz.
    • Consulta con especialistas. Un/a esteticista, tricólogo/a, dermatólogo/a, barbero/a o estilista pueden hablarle sobre la piel, el cabello y el cuidado personal de una manera clara y motivadora. A veces, la autoridad externa motiva más que las conversaciones con los padres.

    Cuándo buscar ayuda

    Si el rechazo a la higiene se prolonga en el tiempo y va acompañado de ansiedad, apatía o aislamiento marcado, es recomendable acudir a un psicólogo especializado en adolescentes. En ocasiones, detrás no hay protesta, sino dolor.

    El autocuidado es una habilidad que se construye con los años. Lo más importante para los padres es estar presentes: con respeto, paciencia y confianza en su hijo.

  • Retos peligrosos: qué pueden hacer los padres

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    Algunos retos —como el train surfing (viajar en el exterior del transporte) o los selfies extremos— pueden suponer un riesgo real para la vida. Es importante entender de qué se trata y cómo se difunden para poder detectar a tiempo las señales de alarma.

    Qué son los retos y por qué los niños participan en ellos

    Los retos peligrosos son «desafíos» que un niño o adolescente puede recibir a través de redes sociales o aplicaciones de mensajería. Pueden incluir asfixia, saltos desde tejados, consumo de sustancias, train surfing y otras conductas de riesgo.

    Este tipo de retos aparecen en TikTok, YouTube, Telegram y Discord; también se comentan entre amigos, compañeros de clase e influencers.

    Los niños más pequeños pueden probarlos por curiosidad, por imitar a los mayores o para llamar la atención. A esta edad, la percepción del riesgo todavía no está bien desarrollada y falta ese «freno interno» que ayuda a decir «no».

    Los adolescentes pueden verse involucrados por la presión del grupo, el deseo de destacar, la falta de atención o simplemente por experimentar. En esta etapa, la capacidad de prever consecuencias aún no está plenamente desarrollada, mientras que la necesidad de ser aceptado es especialmente fuerte.

    Retos más comunes

    • Juegos de asfixia
    • Train surfing (viajar por fuera del transporte)
    • Selfies en tejados u otros lugares peligrosos
    • Flash mobs con autolesiones (cortes)
    • «Relevos» o desafíos con alcohol
    • «Grupos de la muerte»
    • Trash streams
    • Pruebas de resistencia: soportar dolor, miedo o presión por «honor» o por likes

    Cómo reconocer si un niño está en riesgo

    El niño no siempre dice abiertamente que participa en retos peligrosos, pero su comportamiento puede dar señales de alerta:

    • se vuelve más reservado o cerrado;
    • muestra interés por temas inquietantes o extraños;
    • evita conversaciones, especialmente sobre internet y amigos;
    • aparecen marcas inexplicables en su cuerpo (moretones, cortes);
    • cambia bruscamente su estado de ánimo, conducta o círculo social;
    • ve repetidamente los mismos vídeos;
    • utiliza palabras extrañas o en clave.

    Cómo hablar con un hijo sobre retos peligrosos

    No asustar, no acusar, no dar sermones: estas son las reglas básicas. Es mejor preguntar, por ejemplo:
    «¿Has visto en internet vídeos raros o que te dieron miedo? ¿Qué piensas de ellos?».

    Es importante escuchar sin juzgar. Si la confianza ya está dañada, puede ayudar la intervención de un psicólogo familiar. Lo esencial es que el niño sepa que no será castigado, sino apoyado.

    Cómo proteger a tu hijo

    Aunque no veas señales preocupantes, es importante construir desde antes una relación de confianza y un entorno digital seguro. Seguir su actividad online no significa control total, sino participación y diálogo.

    Qué pueden hacer los padres:

    • interesarse por lo que el niño ve: comentar juntos los vídeos, preguntar por sus creadores favoritos, ver contenidos juntos y observar qué le recomienda el algoritmo;
    • enseñar al niño a tener una actitud crítica frente a la información de internet;
    • dar ejemplo con el propio comportamiento digital: qué publicas, cómo reaccionas al contenido, a quién apoyas;
    • agregarse como amigo o seguir al niño en redes sociales y mensajería;
    • activar el control parental y explicarlo abiertamente;
    • hablar sobre las aplicaciones antes de instalarlas y decidir juntos si vale la pena descargarlas;
    • establecer normas familiares para el uso de dispositivos e internet.

    También es importante entender que el control oculto y las prohibiciones estrictas pueden destruir la confianza.

    Qué no deberían hacer los padres

    • No entrar en las cuentas personales del niño ni revisar sus conversaciones: la participación activa es más eficaz que la vigilancia
    • No usar programas ocultos de monitoreo: socavan la confianza y dificultan que el niño aprenda a ser autónomo
    • No considerar el control parental como la única solución: solo funciona junto con el diálogo y el apoyo
    • No ridiculizar ni culpar al niño si habla de vídeos extraños o del comportamiento de sus amigos
    • No amenazar con castigos por ver contenido dañino: esto solo aumenta el secretismo
    • No trasladar toda la responsabilidad a la escuela o a las redes sociales: la implicación personal de los padres es clave

    No podemos controlar todo lo que ocurre alrededor de un niño. Pero sí podemos estar a su lado. Y precisamente la confianza, la atención y una conversación tranquila y respetuosa son lo que realmente ayuda.

  • ¿El niño está enfermo o simplemente no quiere ir a la escuela?

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    A veces los padres se enfrentan a una situación confusa: el niño se queja de dolor de cabeza o de estómago, pero no hay signos claros de enfermedad. Se queda en casa y, al cabo de una hora, corre lleno de energía por la casa o pide algo dulce.

    En esos momentos surge la pregunta: ¿realmente está enfermo o simplemente no quiere ir a la escuela? Veamos cómo entender qué está pasando y cómo reaccionar.

    Por qué un niño puede fingir estar enfermo

    Fingir no significa necesariamente mentir. A menudo detrás de este comportamiento hay emociones que al niño le cuesta manejar. Entre las razones más frecuentes se encuentran:

    • Miedo: un examen, una exposición oral, una actividad deportiva, un conflicto en clase.
    • Sobrecarga: cuando el niño está cansado, puede buscar de forma inconsciente una manera de descansar.
    • Ansiedad: inseguridad, miedo al profesor o a los compañeros.
    • Necesidad de atención: al niño le falta contacto con sus padres.
    • Recuerdos de experiencias pasadas: durante una enfermedad real podía no hacer deberes, recibir regalos o ver más dibujos animados.
    • Simplemente no quiere ir a la escuela: no por miedo o ansiedad, sino porque le resulta aburrida, incómoda o no le encuentra sentido.

    Cuando el niño empieza a fingir de forma consciente

    A partir de los 6–7 años, los niños ya entienden que pueden usar la mentira para evitar algo desagradable. Con la edad, sus «historias» se vuelven cada vez más creíbles.
    Hacia los 10–12 años, son capaces de anticipar la reacción de los adultos y adaptar su comportamiento para conseguir lo que desean.
    En la adolescencia, fingir puede formar parte de la defensa de los propios límites o de una forma de expresar protesta.

    Cómo saber si el niño está enfermo o no quiere ir a la escuela

    Hay algunas señales que pueden llamar la atención:

    • Las quejas aparecen de forma regular, pero solo en días o momentos concretos: por ejemplo, los viernes, antes de un examen o de un evento importante.
    • El comportamiento no se parece al de una enfermedad habitual: el niño habla de dolores fuertes (de estómago o de cabeza), pero no hay fiebre, vómitos, erupciones u otros síntomas comunes. Es importante recordar que el dolor puede ser real incluso sin señales externas.
    • El estado mejora rápidamente al cambiar a algo agradable: juegos, dispositivos electrónicos, dibujos animados o series.
    • La descripción del malestar es vaga: el niño no puede explicar con claridad qué es lo que le molesta.

    Qué hacer si parece que el niño está fingiendo

    Lo principal es no acusar ni avergonzar. Incluso si el niño no está realmente enfermo, su comportamiento es una forma de comunicar algo. En lugar de reproches, es mejor:

    • Hablar con calma sobre la situación: «Quieres quedarte en casa a menudo, ¿me cuentas qué pasa? ¿Hay algo en la escuela que no te gusta?».
    • Proponer una alternativa: «Si te resulta difícil, pensemos juntos cómo afrontarlo».
    • Anotar cuándo y de qué se queja el niño y cómo se comporta durante el día; así es más fácil detectar patrones.
    • Observar su estado emocional, el sueño, el ánimo y las relaciones con los compañeros.

    Cuándo es necesaria la ayuda de un médico o un psicólogo

    Si las quejas se vuelven frecuentes y no se logra identificar la causa, conviene consultar a un especialista.
    Una revisión médica puede descartar un problema físico. Si todo está bien, hablar con un psicólogo puede ser útil: el niño podría estar enfrentando ansiedad, acoso escolar u otras dificultades que no sabe expresar directamente.

    Si el niño dice que está enfermo pero tienes dudas, no saques conclusiones apresuradas. Incluso detrás de una fingida enfermedad puede haber una razón real: cansancio, ansiedad o el deseo de estar cerca de ti.
    No es un capricho, sino una manera de mostrar que le cuesta. El apoyo, la atención y la confianza ayudan a comprender al niño y a acercarse a él. A veces, eso es suficiente para que vuelva a sentirse seguro.

  • ¿Hay que obligar a un niño a comer?

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    Muchos padres se preocupan cuando su hijo come poco o rechaza la comida. Parece que, sin intervenir, se quedará con hambre y no se desarrollará bien. Pero ¿realmente es necesario obligar a los niños a comer y a terminar todo lo que tienen en el plato? ¿Qué dicen los estudios y cómo actuar con cuidado y respeto?

    ¿Por qué un niño no quiere comer?

    El apetito de bebés, niños y adolescentes puede variar, y eso es normal. Puede depender de la etapa de crecimiento, el cansancio, una enfermedad, el estrés o simplemente del estado de ánimo.
    A veces el niño ya está lleno, pero el adulto insiste: «No has comido nada. Come un poco más». A menudo, estas frases reflejan más la ansiedad del adulto que una necesidad real del niño.

    ¿Qué dicen las investigaciones?

    Según el Journal of the American Dietetic Association, obligar a un niño a comer no aumenta su interés por la comida. Al contrario, puede generar ansiedad y una relación negativa con los momentos de comer.
    Los especialistas del hospital infantil de la Universidad de Michigan señalan que exigir «terminar todo» dificulta que el niño reconozca las señales de saciedad y aumenta el riesgo de comer en exceso en el futuro. La presión no crea hábitos saludables: los debilita.

    Por qué «solo una cucharadita más» es presión

    Frases como «¡En el fondo del plato hay un perrito que hay que salvar!», «Si no comes bien, no habrá galletas» o «Hasta que no termines, no te levantas de la mesa» son formas de presión.
    Los padres quieren hacerlo bien, pero el niño siente la imposición, pierde el control de la situación y deja de escuchar a su propio cuerpo.

    Cómo ayudar al niño a comer con gusto

    Los estudios confirman que un ambiente tranquilo y cálido en la mesa ayuda a los niños a desarrollar una relación sana con la comida. No se trata solo del menú, sino también de respeto, comunicación y libertad de elección. Esto puede ayudar:

    • Ofrecer la comida sin presionar y comer juntos, para crear una sensación de seguridad y participación.
    • Dar al niño la posibilidad de elegir entre opciones adecuadas, para que sienta que sus gustos son respetados.
    • Explicar de qué están hechos los alimentos y cómo influyen en la salud, mencionando de forma natural qué vitaminas contienen y para qué sirven.
    • Mantener una rutina de comidas: cuando el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena tienen horarios previsibles, la comida se integra en el ritmo diario.

    El enfoque «tú decides cuánto comer» es un principio clave de la alimentación respetuosa: ayuda al niño a escuchar su cuerpo y a desarrollar una relación consciente con la comida.

    Qué es mejor no hacer

    A veces, intentando mejorar la alimentación, padres o familiares utilizan estrategias que solo empeoran la situación.
    Esto es lo que no conviene hacer:

    • no convertir la comida en una herramienta de presión o manipulación: «Si comes brócoli, tendrás postre»;
    • no chantajear ni negociar: «Si no comes, no sales a jugar»;
    • no comparar con otros niños: «Mira cómo come tu hermano»;
    • no burlarse de los gustos del niño ni criticar sus preferencias;
    • no dividir los alimentos en «buenos» y «malos», «saludables» y «no saludables», ya que esto genera una relación ansiosa con la comida.

    Forzar a comer no ayuda, sino que perjudica. Es mucho más útil crear un ambiente tranquilo y respetuoso, en el que el niño aprenda a reconocer por sí mismo el hambre y la saciedad. No importa la cantidad que coma, sino la relación que construye con la comida.